miércoles, 30 de noviembre de 2011

Foucault y el silencio

Por si alguien más necesita argumentos para justificar su "timidez" o "insociabilidad":

"S.R. : L'appréciation du silence est l'une des nombreuses choses qu'un lecteur, sans qu'il s'y attende, peut apprendre de votre oeuvre. Vous avez écrit sur la liberté que le silence permet, sur ses multiples causes et significations. Dans votre dernier livre [La volonté de savoir], par exemple, vous dites qu'il n'y a pas un seul, mais de nombreux silences. Serait-on fondé à penser qu'il y a là un puissant élément autobiographique ?

M.F. : Je pense que n'importe quel enfant qui a été élevé dans un milieu catholique juste avant ou pendant la Seconde Guerre mondiale a pu éprouver qu'il existe de nombreuses manières différentes de parler, et aussi de nombreuses formes de silence. Certains silences pouvaient impliquer une hostilité virulente ; d'autres, en revanche, étaient l'indice d'une amitié profonde, d'une admiration émue, d'un amour même. Je me souviens très bien que, lorsque j'ai rencontré le cinéaste Daniel Schmid, venu me rendre visite je ne sais plus à quel propos, lui et moi avons découvert, au bout de quelques minutes, que nous n'avions vraiment rien à nous dire. Nous sommes, de cette manière, restés ensemble entre trois heures de l'après-midi et minuit. Nous avons bu, fumé du hasch, dîné. Et je ne crois pas que nous ayons parlé plus de vingt minutes pendant ces dix heures. Cela a été le point de départ d'une amitié assez longue. C'était, pour moi, la première fois qu'une amitié prenait naissance dans un rapport strictement silencieux.

Il est possible qu'un autre élément de cette appréciation du silence ait à voir avec l'obligation de parler. J'ai passé mon enfance dans un milieu petit-bourgeois, celui de la France provinciale, et l'obligation de parler, de faire la conversation aux visiteurs était, pour moi, quelque chose à la fois de très étrange et de très ennuyeux. Je me suis souvent demandé pourquoi les gens ressentaient l'obligation de parler. Le silence peut être un mode de relation tellement plus intéressant.

S.R. : Il y a, dans la culture des Indiens d'Amérique du Nord [Stephen Riggins est d'origine indienne], une appréciation du silence bien plus grande que dans les sociétés anglophones ou, je suppose, francophones.

M.F. : Oui, voyez-vous, je pense que le silence est l'une des choses auxquelles, malheureusement, notre société a renoncé. Nous n'avons pas de culture du silence, nous n'avons pas non plus de culture du suicide. Les Japonais, si. On enseignait aux jeunes Romains et aux jeunes Grecs à adopter divers modes de silence, en fonction des gens avec lesquels ils se trouvaient. Le silence, à l'époque, figurait un mode bien particulier de rapport aux autres. Le silence est, je crois, quelque chose qui mérite d'être cultivé. Je suis favorable à ce qu'on développe cet êthos du silence.

Fuente : « Michel Foucault. An Interview with Stephen Riggins » (« Une interview de Michel Foucault par Stephen Riggins » ; réalisée en anglais à Toronto, le 22 juin 1982; trad. F. Durand-Bogaert), Ethos, vol. I, no 2, automne 1983, pp. 4-9. Dits et Ecrits tome IV texte n°336.


Traducción -mejorable- de Fabio A. Marulanda V. (entrevista completa aquí):

"S.R.: Una de las muchas cosas que un lector inesperadamente puede aprender de su actividad como lector, es el aprecio por el silencio. Usted escribió acerca de la libertad que ésto posibilita, y de sus múltiples causas y significados. Por ejemplo, usted dijo en su último libro [La voluntad de saber] que existe no uno sino muchos silencios. Sería correcto deducir que existe en ésto un fuerte elemento auto-biográfico?

M.F.: Pienso que cualquier niño que haya sido educado en un medio católico, justamente antes o durante la Segunda Guerra Mundial, tuvo la experiencia de que hubo muchas y diferentes maneras de hablar, así como de muchas maneras de silencio. Hubo algunas maneras de silencio que implicaron mucha hostilidad y otras que manifestaban profunda amistad, emocional admiración, incluso amor. Recuerdo muy bien que cuando me encontré con el director de cine Danielt Schmidt, quien me visitó, no recuerdo para que propuesta, nosotros nos dimos cuenta unos pocos minutos después, que realmente no teníamos nada para decirnos el uno al otro. Así nos quedamos acerca de las tres de la tarde hasta la media noche. Nosotros bebimos, fumamos picadura, y cenamos. Y no creo que nosotros hayamos hablado más de veinte minutos durante éstas diez horas. A partir de éste momento una estrecha amistad surgió. Fue para mí la primera vez que una amistad fue originada estrictamente por nuestro comportamiento silencioso.

Quizás una otra característica de ésta apreciación del silencio esté relacionada por la obligación de hablar. Viví cuando niño en una pequeña población en un ambiente provincial en Francia y la obligación de hablar, de conversar con los visitantes, fue para mí a veces un tanto extraña y muy aburrida. Frecuentemente me preguntaba por qué las personas tenían que hablar. El silencio podría ser una manera mucho más interesante de relacionarse con las personas.

S.R.: En la cultura de los indios Norte-Americanos [S.R. es de origen indio] es mucho más grandioso el aprecio por el silencio, que en las sociedades de lengua inglesa y supongo que mucho más que en las sociedades de lengua francesa también.

M.F.: Sí, vea usted, pienso que el silencio es una de aquellas cosas que han sido desafortunamente omitidas en nuestra cultura. Nosotros no tenemos una cultura del silencio; nosotros no tenemos una cultura de cualquier tipo de suicidio. Pienso que los japoneses sí. A los jóvenes Romanos o a los jóvenes Griegos, les enseñaban a quedarsen en silencio, en muchas diferentes ocasiones de acuerdo a las personas con quienes ellos iban interactuando. Es ésto de momento lo que creo merece seguirse cultivando. Estoy a favor del desarrollo del silencio como un “ethos” cultural."


Añadido del 1 de noviembre: sin duda el entrevistador, al hablar de La voluntad de saber, se refiere a esta cita:

No cabe hacer una división binaria entre lo que se dice y lo que se calla: habría que intentar determinar las diferentes maneras de callar, cómo se distribuyen los que pueden y los que no pueden hablar, qué tipo de discurso está autorizado o cuál forma de discreción es requerida para los unos y para los otros. No hay silencio sino silencios varios y son parte integrante de estrategias que subtienden y atraviesan los discursos”.

M. Foucault, Historia de la sexualidad. Vol. 1 La voluntad de saber, Madrid, Siglo XXI, 1992 [1976].


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